DEAMBULAR
Vamos sin rumbo, buscando la felicidad. La esperanza es encontrarla al poco andar; para mantenerla junto a nosotros el mayor tiempo y si se pierde recuperarla pronto. La historia parece repetirse constantemente, el progreso no puede existir más allá de un ideal, porque el hombre continúa siendo siempre un animal pensante socializado.
Cegamos nuestro intelecto con las concepciones de quienes ya han pensado, abandonamos la idea de ser poetas, creadores de pensamiento, ante la presión de las exigencias culturales de los hechos y experiencias artificiales de los laboratorios. La realidad es un simulacro del sueño que poseemos, el anhelo de llegar más allá.
Una persona se mide a sí misma por lo que piensa, los otros le juzgan por sus hechos, por sus actos; “la verdad” está escondida en lo inmutable y trascendental, en aquello que es propio de la animalidad del hombre, y de su lucha por controlar esta cualidad intrínseca. Los fines y espontaneidades humanos son doblegados por la dictadura de los hechos. Y los hechos cambian según se cuenten o representen.
La vida existe en tanto existe la muerte. Vivir solo es vivir sí se recuerda, se piensa, y se siente. La muerte es salida cuando se acaba la esperanza, la muerte es recompensa de descanso para el cuerpo, la muerte es pausa, la muerte es el olvido. Calladamente nos encontramos, pero no logramos conectarnos, la necesidad cultural de hablar de experiencias no de pensamientos coloca una barrera entre nosotros; solo logras ver, lo que quieres ver de mí, parte de tu reflejo, el yo ante ti. Cada encuentro es un yo distinto, como si el tiempo corriese en paralelo; los yos de hoy, cada uno tiene su propio recuerdo.
Caracas, 5 de junio de 2005 Nos prepararon para un mundo que no existe
Nos prepararon para un mundo que no existe. La ficción audiovisual y propagandas institucionales en casa, modelaron nuestro carácter en función de valores hermosos, pero también de otros no escritos y superficiales; nos convertimos en la generación de relevo sin testigo. Ese famoso testigo era un atesorado progreso que debíamos cuidar y unos planes, por los que debíamos luchar para sacar adelante el país y ser un orgullo mundial.
Hoy no queda casi nada, tendríamos que empezar de cero… pero las llamas a un no se han consumido. Aún no es tiempo de recoger las cenizas. Habrá que buscar otras praderas, prados verdes donde ir a cultivar un sueño lejano para la familia, pero más que nada un sueño personal.
Volamos tan alto con nuestra imaginación y de pronto vemos nuestra condición finita, para encontrarnos frente a la necesidad de sobrevivir, la búsqueda de sustento, la ambición y el deseo de permanecer quietos en el hogar.
Siempre se es un extranjero lejos de casa, pero también es cierto que el hogar al final del día es donde se encuentra tu corazón; no es tan complicado si nos ponemos a pensar que cada vez que pensamos distinto nos sentimos como un extranjero, como esa gente que pertenece a las minoría religiosas y no al mundo, como cuando vas de visita a una casa y te sirven una comida que detestas. Estar un poco fuera de lugar es más cotidiano de lo que imaginamos, hacernos nuestro propio lugar es el verdadero reto, lograr ser nosotros mismos en cualquier parte.
Mi lema solía ser “nada es imposible”, pero el tiempo me ha enseñado que no todo es posible, algunas cosas simplemente no deben ser, de allí la importancia de seguir siempre hacia delante y adaptarse a las circunstancias; la gran ventaja del ser humano sobre los animales no es su especialización sino su capacidad de hacer de todo y hacerlo bien.
Las cosas cambian siempre, aunque no siempre nuestros sueños logran cambiar con la misma velocidad; la redefinición de metas es parte esencial del andar, como cuando se planifica y se hace una medición donde un indicador te avisa, este indicador en la vida puede ser un deseo, el hastío, un hecho o una sensación. Si redefinimos metas y nos adaptamos a está nueva situación, donde ya no somos el relevo de nadie, donde solo el crecimiento personal es la guía, entonces estaremos comenzando a adaptarnos.
Muchos buscaremos nuevos hogares, nuevas casas, nuevas vidas, probablemente no olvidemos nunca lo que fuimos; pero lo más importante es aprender la lección de sobrevivir, además de asimilar la importancia de valorar aquello propio que tenemos. Nuestros dones se quedan con nosotros, mientras nos vamos a otras praderas y cantamos un Venezuela calladamente en el corazón, recordando cuando era más fácil ser idealista y pelear, aun sin razón. Nos adaptaremos y cambiaremos para seguir siendo los mejores, pero no donde creíamos o cómo creíamos.

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